VALDEGOVIA Y LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

Se conmemora estos días en Vitoria el 200 aniversario de la famosa Batalla de Vitoria (21-6-1813) con homenajes a los personajes que principalmente encabezaron la fuera militar contra los franceses: Duque de Wellington, General Ricardo María de Álava, Francisco de Longa,…. Pero sigue faltando un gran homenaje a quien padeció la guerra durante los siete años que duró la contienda: EL PUEBLO. Pueblo llano quien tuvo que sostener esta guerra con sus propios bienes y alimentos. Pueblo llano explotado por mor de la guerra por cada uno de los dos bando contendientes: españoles y franceses. Valdegovía fue zona importante y destacada en esta guerra: los franceses mantenían acantonada una fuerza militar en Salinas de Añana para recoger el fruto de la venta e impuestos de sus salinas, y Francisco de Longa, eligió Espejo como su punto neurálgico en la zona, por su cercanía a Salinas donde atacó continuamente a los franceses y a los salineros para también hacer suyos el dinero de la venta e impuestos de la sal, así como que Espejo siguió siendo puesto de postas en el camino, ya carretera en esos años de guerra, que unía Castilla con Bilbao, y donde necesariamente encontraría animales de carga y transporte. Valdegovía, sus pueblos, sus gentes, fueron esquilmadas durante estos años de la Guerra. Los Concejos organizaban entre sus vecinos vigilancias pagadas para vigilar la llegada de los franceses principalmente, quienes entraban a saco en los pueblos y apropiarse de todo lo que les fuese necesario para su mantenimiento: trigo, pan, tocino, gallinas, pollos, bueyes, e incluso la leña para calentar sus campamentos o el propio fuerte de San Cristóbal en Salinas del que hicieron su iglesia del mismo nombre y también hasta mantas con las que pasar el invierno y jergones donde dormir. Sus mujeres obligadas a lavar la ropa y a coser y remendar tanto ropa como botas. Pero los hombres de Francisco de Longa hacían lo mismo que los franceses pero de forma más diplomática: en vez de arrasar, solicitaban las raciones que necesitaba para sus hombres y si no llegaban estas en las cantidades solicitadas, imponía multas al Concejo por la falta de víveres, que debían de pagarse en dinero. Longa obligó a las mujeres del valle a lavar la ropa y a coser y remendar tanto ropa como botas. Espejo fue el centro de recogida de raciones y cuanto pudiera servir al mantenimiento de la guerrilla de Longa. Vemos en sus cuentas de aquellos años cómo el resto de pueblos de Valdegovía eran deudores de Espejo por tales suministros, y que abonaban a Espejo en forma dineraria, y con estos dineros el pueblo de Espejo volver a comprar los bienes requisados por la partes militares contendientes. Las cuentas en 1.808 se llevaban en ducados y a partir de 1.809 y hasta la entrada de la extinta peseta se llevaron en reales y maravedíes. Fue dramática la situación de algunos pueblos para poder hacer frente a estos suministros. El Concejo de Espejo, así como la mayor parte de los pueblos de Valdegovía, se vieron obligados a vender la mayor y mejor parte de sus tierras agrícolas, que hasta entonces se explotaban de forma comunal, como sus edificios. A partir de esta guerra, la vida cambió radicalmente en nuestros pueblos: del trabajo comunal al trabajo individual. En 1.810 realmente dramática debía de ser la situación en la que encontraba aquel año nuestro pueblo vecino de Tuesta: “Un azumbre de vino gastado con los regidores de Tuesta viniendo a suplicar no los pusiéramos en Justicia por la cantidad que debían a este Concejo”, según consta en los libros del pueblo de Espejo. La necesidad de alimentos por parte de los pueblos para sí mismos hizo que cambiase hasta el paisaje de nuestros pueblos: “el Camino de Burgos a Bilbao, que se separaba del camino real de Francia después de pasar Pancorbo, cruza el Ebro por Puentelarrá, pasa por Bergüenda y Espejo y tras pasar un pequeño puerto boscoso llega a Berberana en el amplio valle de Losa. Desde ese pueblo el camino sube suavemente por un hayedo abierto hacia la cumbre cárstica y casi llana de Peña Orduña”. Este puerto boscoso seguramente entre la Venta del Monte o de Pinares y el pueblo de Osma, hoy no existe, como tampoco el bosque que existía en aquellos años entre Espejo y Tuesta. Estas zonas de bosque tuvieron que ser dedicados a cultura (cultivo) por los pueblos de Valdegovía para con ello evitar el hambre dada la ruina a los que les llevó esta Guerra de la Independencia. Asimismo, campas dedicadas al pastoreo debieron transformarse en tierras de cultivo como es el caso de la Campa de la Paúl del pueblo de Villamaderne, y que litigó con Espejo ya que estos tenían derechos de pasto sobre la misma. En Espejo sus cuentas reflejan esos años que hubo de venderse hasta la grana de los robles como forma de ingreso para hacer frente a las exigencias militares contendientes. Fuera de esa época la grana de los robles se aprovechaba por sus vecinos de forma gratuita para alimento del ganado. La solidaridad también se hizo presente entre nuestros pueblos. Se llegaron a acuerdos para facilitar la entrada y escondite de ganados de unos pueblos en otros, como es el caso entre Barrio y Espejo en el año 1.813 para evitar la requisa por parte de los franceses del ganado de Espejo, que se escondió en las tierras o montes de Barrio. La solidaridad vecinal también se hace notar todos los años, mediante préstamos de vecinos particulares bien en especie bien en dinero, con los que los Concejos hacer frente a las necesidades de suministros de las tropas. La hospitalidad de nuestros pueblos no fue acallada por esta Guerra: se encuentran apuntes de gastos en el Concejo de Espejo por transitar los pobres de forma anual. Era costumbre u obligación moral la asistencia a los pobres que transitaban por nuestros pueblos. Por ello y a cargo del Concejo, había una persona que se encargaba de transitarlos o llevarlos a su casa, donde disponía de un pequeño local, en cuyo suelo se hacía colchones con montones de paja limpia, donde pasaban la noche y también el encargado de transitarlos les daba pan y sopa para su alimentación y la obligación de facilitar fuego para calentar el puchero si lo traían que era lo habitual. La necesidad de ahorrar gastos hizo que para diversas diligencias se unieran varios pueblos en un solo representante como hay constancia en 1.809 entre los pueblos de Tuesta, Alcedo, Bachicabo y Espejo, para realizar diligencias en Vitoria para no contribuir con raciones a las tropas en la Villa de Comunión, o en 1.811 entre Espejo y Villamaderne para ir a Vitoria a informar de los daños habidos por una fuerte granizada y pedir alguna gracia en el pago de la contribución para ambos pueblos por el mal habido. Los vecinos de los pueblos eran obligados también por las fuerzas militares para llevar bandos e instrucciones a otras pueblos donde había tropa, e incluso los víveres para las tropas acantonadas en otros pueblos, como en Moneo, junto a Medina de Pomar, y donde Longa tenía su cuartel general. En 1.811 en el pueblo de Espejo no quedaba caballería ya y se necesitó contratar a vecinos de Puentelarrá para los traslados. Nuestros pueblos eran continuamente censados por ambas tropas para controlar sus personas y calcular el montante de los suministros. En 1.811, vino orden de alistamiento al ejército de Longa por parte de éste, alistamiento de obligado cumplimiento so pena de muerte por traición y deserción, y ello ocasionó en Espejo, una fiesta de despedida de los mozos, fiesta que no sería alegre precisamente dado el destino al que iban: la guerra. Una muestra más de la crueldad con que Longa trató a este Valle de Valdegovía. La necesidad de los ejércitos era tanta que todo valía para convertir en dinero. Todo objeto de valor era susceptible de requisa por parte del ejército y en Espejo quedan reflejados estos gastos: “ Un medio azumbre de vino gastado con uno de Alzedo que pedía la plata de la Iglesia”y “ Tres azumbres trasladando y pusiendo los Inventarios de la Plata de dicha Iglesia” La vida de sus regidores tampoco fue difícil. Acosados por ambos bandos muchos fueron los que sufrieron arrestos e incluso cárcel. Aquel 1.811, Pedro García Diego, administrador de la real hacienda de la división de Longa, con todos los bonos en papel que Francisco de Longa había entregado a cambio de las subsistencias suministradas desde que levantó su partida en 1.809 hasta ese mes de Diciembre de 1.811, realizó un documento que recogía la cantidad de los distintos bienes aportados por cada una de las jurisdicciones. Entre trigo, cebada, carne, pan, vino, paja, leña, aceite, y suministros extraordinarios la División había sido provista por valor de 1.417.289 reales de vellón; habiendo sido la Merindad de la Bureba con 371.805 reales y el valle de VALDEGOVIA, con 259.086 los principales suministradores. A inicios de 1.812, Longa, al igual que Mina en Navarra, organizó un sistema de pequeños destacamentos encargados de hacer pagar a los habitantes de sus zonas, un octavo de sus ingresos, reclutar a los jóvenes (obligatoriamente), y recoger hojalata de los techos de casas e iglesias para la fabricación de municiones de metralla destinada a los cañones de montaña que les habían entregado los ingleses. Espejo no pudo escaparse a la orden de Longa, aunque las cuentas del año anterior nos contaron la leva de los mozos de Espejo de forma obligatoria ya por parte de Longa: Las cuentas del pueblo reflejan el coste económico que supuso el gasto en las personas que estuvieron arreglando la estadística razón de la vecindad, producto de la labranza, número de todo género de ganado y todo lo demás que contiene la orden del señor Longa y poniendo la razón de todas las rentas que pagan fuera de la Jurisdicción con expresión de nombres y apellidos de Propietarios y Colonos y a las personas que se ocuparon haciendo el Arreglo de las Propiedades del Lugar y forasteros para los pagos a Moneo (Cuartel General de Longa). Ese mismo año pueblos vecinos tenían problemas para pagar lo que debían a Espejo: “12 reales gastados con los justicias de Alzedo y Villamaderne quando binieron a pactar sobre la deuda que cada uno de los Pueblos debía a éste”. Hemos encontrado un documento en el que enumera cada uno de los vecinos de Espejo en 1.812 y lo que cada uno aporta para el suministro de los franceses en tres meses, totalizando un total de 566 fanegas y dos celemines lo sacado entre todos. Suman un total de 58 aportantes con sus nombres y apellidos. Lo grave de esta entrega a las Tropas Francesas lo vemos si comparamos esta aportación con la Estadística de ese año de 1.812 que nos indica que ese año se obtuvo en Espejo un total de 1.048,05 fanegas de trigo. Podemos ver como más del 50% de la cosecha se lo llevaron en tres meses los franceses, y si a eso sumamos lo que también se tuvo que dar las tropas españolas, lo que quedaba en el pueblo era para pasar hambre. En Enero de 1.813 cayó la fortaleza que los franceses mantenían en Salinas de Añana en ataque dirigido desde Espejo por Longa. El día 18 de Junio de 1.813 chocaron las vanguardias de ambas fuerzas en el valle del Río Omecillo y tras unos combates de cierta intensidad, aquella noche la cabeza del ejército aliado ocupaba dicho valle desde Espejo hasta Berberana con Longa en Orduña. Tenemos constancia de los grandes daños causados por la batalla en Espejo. Así pues Valdegovía fue liberada del yugo francés justo tres días antes que la Batalla de Vitoria. Podríamos añadir mil cosas más sobre los sufrimientos que acarreó a la población civil de este Valle de Valdegovía esta guerra de la independencia, pero sólo nos vale añadir: ¿Para cuándo el homenaje y reconocimiento a estos antepasados nuestros?