EN ESPEJO PUDO PARAR EL TREN

Un proyecto que nunca se llevó a cabo. La Compañía Anónima Vasco Castellana, constituida en 1901, tuvo como uno de sus objetivos, la promoción del ferrocarril de Madrid a Bilbao, siendo su principal promotor Richard Preece Williams.

La autorización de concesión de la línea se contempló en la Real Orden de 27 de septiembre de 1902, y en la R.O. de 8 de marzo del mismo año, por las que se concedía la autorización para la ocupación de terrenos de dominio público (Revista Ingeniería y Construcción, diciembre de 1923). La compañía en su afán de demostrar que tenía intención de desarrollar sus proyectos , mantuvo una intensa publicidad sobre sus intenciones, manifestando en la memoria de 1902, la adquisición de terrenos para sus instalaciones término de Madrid y de Bilbao, la primera se ubicaría al final del Paseo de la Castellana , junto al Hipódromo; y en Bilbao en San Mamés. Anunciando que construiría hoteles término en ambas estaciones. Asimismo informó que tenía asegurados los terrenos en Burgos y Briviesca (GCH, 08.09.1903).

La línea ferroviaria iría paralela o cercana desde Pancorbo a la carretera de Pancorbo a Bilbao que todos conocemos, y contemplaba estaciones o apeaderos en Pancorbo, Berberana y Orduña, pero no en territorio alavés, es decir en Valdegovía no pararía el tren, ya que aunque el proyecto era Vasco Castellano, realmente era Vizcaíno Castellano. Con posterioridad se contempló la viabilidad de cambiar el trazado de la línea de descenso de Castilla a Vizcaya. Se planteó realizar el descenso por la Peña de Angulo, en vez de hacerlo por la de Orduña, al permitir este nuevo trazado suavizar las pendientes de 1,70 % a 1,20 %. . (GCH, 16.02.1905).

Bueno, y Espejo dónde está o qué pinta en todo esto. Pues Espejo fue invitado de piedra en este ferrocarril. Al constatar la inexistencia de estaciones o apeaderos en territorio alavés, no fueron sus vecinos de entonces quienes reclamaron la instalación de un apeadero en Espejo, sino nuestros vecinos salineros.

Galo Ruiz de Huidrobo, a la sazón Diputado de la Comunidad de Herederos de las Salinas de Añana, dirigió una carta a la Compañía Vasco Castellana, en 1.900, nada más conocerse la existencia del Proyecto de Ferrocarril, para que en Espejo se instalara un apeadero donde poder exportar la producción de sal, principal producto de la región. La exportación de la sal era vital para el desarrollo de las Salinas, y hacerlo a pocos kilómetros de su lugar de producción, sin tener que llevarla hasta Miranda abarataría mucho su coste y facilitaría su venta. Los salineros venían luchando años atrás por la obtención de una nueva tarifa ferroviaria más beneficiosa, según una carta de 12 de Octubre de 1.894.

Además esta posibilidad de apeadero de ferrocarril en Espejo, modernizaba una de las ideas que los salineros habían barajado en 1.896: la construcción de un tren de tracción de sangre desde Salinas a Pobes y Miranda. Estos trenes se denominaban así porque eran tirados por caballos. La flamante recién nacida Compañía Anónima Ferroviaria Vasco Castellana, contestó el 16 de Julio de 1.900, a D. Galo Ruiz de Huidobro, haciéndole saber que no podía atender su petición de instalación de un apeadero en Espejo, por estar ausente durante bastante tiempo el presidente de la compañía. Y posponiendo la respuesta a la consulta que se le realizaría al Presidente a su regreso.

La situación financiera de la compañía Vasco Castellana atravesaba ciertas dificultades, obligando al Consejo de Administración de la Vasco Castellana, reunido en Londres el 14 de julio de 1906, a proponer un convenio a sus acreedores (Gaceta de Madrid, 20.12.1906). En Bilbao se pusieron en duda las intenciones de la Vasco Castellana , sobre la construcción de este ferrocarril, fundadas en que el depósito de 20.000 libras esterlinas, que debía depositar el 31 de mayo de 1906, un grupo de banqueros extranjeros no se llevó a cabo , al desistir estos del concurso ofrecido (GCH, 08.07.1906). La Vasco Castellana resulto ser una de las empresas ferroviarias más conflictivas del país. Recurriendo a cargos políticos con los que aplicar el amiguismo, que le permitiera llevar adelante sus proyectos, gestionados de manera poco ortodoxa. Aun así, una comisión de entidades bilbaínas, entre las que se encontraban: la Cámara de Comercio, la Asociación de Propietarios, y la Liga Vizcaína, celebraron en el Palacio Provincial de Burgos, una reunión, presidida por el Presidente de la Cámara de Comercio de Burgos, donde los comisionados vizcaínos expusieron sus alegaciones en apoyo del proyecto ferroviario entre Madrid y Bilbao. La Diputación provincial de Burgos ofreció una subvención a la empresa que acometiera el proyecto.

Finalmente la Real Orden de 19 de noviembre de 1923, dejó sin efecto la autorización concedida por la Real Orden de 27 de septiembre de 1902, donde se contemplaba la fianza de la Compañía Vasco Castellana, y de la autorización por la Real Orden de 8 de marzo del mismo año. (Revista Ingeniería y Construcción, diciembre de 1923). Y en Espejo nos quedamos sin apeadero.