1808 ESPEJO: FRANCISCO LONGA Y GUERRA INDEPENDENCIA

AÑO 1808

Fueron Regidores de Espejo aquel año, Juan Bautista Alexandre y Pedro Ruiz de la Illa, y Procurador Francisco del Valle. Las cuentas de aquel año fueron las últimas que se dieron en ducados, que al año siguiente fueron sustituidas por reales y maravedíes. Tengo que señalar que las cuentas se daban detalladas pero no por días, por lo que a veces es imposible saber la fecha exacta en que se produjeron. Aquel año de 1808 contaba Espejo con 6 mesones y 4 tiendas desconociendo con precisión la actividad de éstas. Los mesoneros eran: “Antonio Questa; Ignacio Martínez; Juan Bautista Alexandre; Francisco Uriarte; Domingo Izarra; y Pablo Salazar”. Cada uno de estos mesoneros pagaba 8 reales cada tercio de alcabala.

Los tenderos eran: “Pedro Martínez; Benigno Martínez; Joseph Gunguitu; y Emeterio Ibáñez” Todos ellos continuaron con sus mesones y tiendas hasta al menos 1.810 que se guardan las cuentas de alcabala. No encontramos evidencias de la estancia de Longa o sus guerrilleros en Espejo, pero sí nuestras cuentas nos delatan la presencia francesa, constante durante todo el año, y diríamos que ocupado o dependiente de ellos. En los gastos de vino o convites encontramos relativos a la documentación necesaria entonces y diligencias administrativas, gastándose “medio azumbre quando se sacó los pasaportes de los franceses primero”, y en entre los gastos “sesenta ducados que se le dio al hijo de Xavier de Gárate, por hir a Vitoria por diligencias para los franceses”, “ treinta ducados que se le dio a Miguel Ruiz de la Illa por un viaxe que hizo a Vitoria por los franceses”, “ochenta y cinco ducados de unos pasaportes que están en Vitoria y no se han cobrado”, “veinte ducados por copias de pasaportes y otras diligencias”, “treinta ducados que se han pagado por el gasto que hizo el escribano, su hijo y caballería quando se vino a notificar a los Alcaldes cierta providencia de la Junta de Gobierno de Vitoria”. La presencia de la tropa francesa también nos es delatada entre los gastos de vino y los gastos en dinero, indicándonos dichos gastos que tomaban el pueblo por la fuerza: “un azumbre cuando se limpió el trigo para moler para las tropas francesas”, “una azumbre quando se hizo registro por lo que faltó quando la primera tropa francesa”, “dos azumbres limpiando el paredón para hirían los franceses a La Mota”, “setenta y uno ducados que se le dio Andrés de Zárate por la varrera de la Mota incluido la puerta donde se cerca la carne por haberla roto los franceses”, ”ciento y ochenta ducados que se han pagado a D. Diego Salazar por siete fanegas y media de cebada que dio el día de Nuestra Señora de Agosto para la tropa francesa”. Por este gasto asentado conocemos que la tropa estuvo en Espejo el día 15. El saqueo de las casas y la brutalidad que suponemos empleaban hizo que el Concejo gastase “setenta ducados que se le dieron a Gabriel Martínez y Casimiro Hortiz por mirar a ver si venían los franceses” También por ello hubo el Concejo de Espejo de recurrir a la solidaridad de nuestro pueblo vecino Barrio, para evitar ciertos saqueos o robos por parte de los franceses y encontramos “un azumbre gastado con las personas que fueron a tratar con los de Varrio el tiempo que había de estar el ganado allí a resulta de la tropa francesa”, “veinte y siete ducados de cántara y media e vino que se les abonó al lugar de Varrio, en tiempo que estuvo el ganado de este Pueblo pastando en aquel”.

También había gastos solidarios impuestos como “un azumbre y medio de vino cuidando unos presos y medio azumbre con el que vino con el mandato del buen gobierno” “dos azumbres que se gastaron cuidando unos franceses enfermos” “tres azumbres cuidando franceses enfermos” “un azumbre con unos franceses enfermos que estuvieron en casa de Francisco Vado menor” ”cuatro azumbres con unos franceses que venían de Quincoces”

Los grandes gastos venían de la obligación de dar suministro a las tropas francesas y aquel año de 1808, el Concejo de Espejo obtuvo de su colecta noventa y una fanegas y cuatro celemines y tres cuartos de trigo. De ellas hubo de gastar setenta y una fanegas un celemín y un cuarto “que se han consumido con las tropas francesas cuando estuvieron acantonadas con el general Musmier”. Aquí nos dejaron nuestros antecesores el nombre de quien mandaba aquella tropa francesa, pero no hemos encontrado nada relativo a esa persona. El Concejo de Espejo tenía aquel año ingresos procedentes de los arrendamientos de sus tierras: Pieza del Soto, Heredad en Traslomillo, Heredad en La Dehesa, Huertas del Camino, Huertas de la Herrán; Huerta del señor Cura; Eras de Trillas; Pieza de la Pasadilla y del Charco; Huerta de Mari Cruz de Aguirre, así como del molino y sus heredades, y la renta de la casa carnicería.

Pero también hemos cotejado que no hay mal que por bien no venga, y por la estancia francesa se produjeron ingresos, malditos ingresos dada la situación: “trescientos y setenta y dos ducados que hicieron la leña mayz de las suertes del campamento de los franceses” y “catorce ducados que balió la leña que se bajó del Carrascal para la primera tropa francesa”. Nos deja bien claro que para acampar la tropa hubo que habilitarles un espacio, y dicho espacio tuvo que ser limpiado de árboles y los maíces que se tenían plantados. Suponemos que aquella primer tropa francesa pagó la leña que se les bajó del Carrascal, o bien que no fuera utilizada y se vendiera a un tercero posteriormente. Aquel año de 1.808, Espejo pagaba sus contribuciones a Vitoria tanto en dinero como en especie, en concreto sal que se traía de la vecina Salinas, destacando un gasto de “cuarenta ducados que se les dio a los que condujeron la sal de Salinas a Vitoria”.

Pero a pesar de lo que empezaba a ser tanto mal para el pueblo, este seguía fiel a sus costumbres hospitalarias con los pobres, y así tenemos constancia de uno gastos de “diez ducados por el pan de todo el año dado a los pobres”, y “noventa y siete ducados a Antonio Ruiz por conducir los pobres todo el año”. Era costumbre u obligación moral la asistencia a los pobres que transitaban por Espejo. Por ello y a cargo del Concejo, había una persona que se encargaba de transitarlos o llevarlos a su casa, donde disponía de un pequeño local, en cuyo suelo se hacía colchones con montones de paja limpia, donde pasaban la noche y también el encargado de transitarlos les daba pan y sopa para su alimentación y la obligación de facilitar fuego para calentar el puchero si lo traían que era lo habitual. Hasta el año 1.927-1928, se ha conocido en Espejo una casa particular cuyo dueño, Félix Salazar, pastor del pueblo, era el encargado de transitar los pobres, y se hallaba ubicada detrás de la casa junto a la Iglesia que tiene el lema de “Vita sapientis mortis meditaio” y la siguiente casa, que hemos conocido como la de la Cantona. Félix Salazar fue el último en dicho oficio de transitar los pobres. Su casa estaba en el hueco que hay actualmente entre las dos casas mencionadas y junta a otra más grande que ocupaba el caminero. En la casa de éste, por culpa de alguna chispa que saltó de la cocina empezó el fuego, que se extendió rápidamente por la casa y la casa del pastor, poniendo en peligro también las otras casas mencionadas. La gente del pueblo consiguió apagar el fuego desde los tejados de ambas casas con grave peligro para sus vidas, no pudiendo evitar la destrucción de la casa del pastor y la mitad de la casa del caminero, que fue reconstruida en lo que se pudo y en la actualidad es la casa que podemos ver en el callejón entre ambas casas con acceso por calle de la Iglesia. Félix Salazar continuó con sus oficios de pastor y alberguista de pobres en una casa en el Barrio de la Mota.